El reto de los 50’s: La muerte del comendador (Libro 1)

Como buena escritora cumplo mis promesas. Esta es la reseña de “La muerte del comendador” el primer libro que leí este año. Aprovecho para comentarles que ésta publicación contiene algunos spoilers/destripes (y reflexiones de vida). Espero que les guste. ¡No digan que no se los advertí!

¡Spoiler Alert!

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Publicado en el 2018 por Tusquets Editores con la traducción de Fernando Cordobés y Yoko Ogihara; es el primer libro de una serie compuesta por dos tomos y es el cuarto libro de Haruki Murakami que leo en mi vida.

Curiosamente Murakami y yo tenemos una relación de mejores amigos: no necesitamos “hablar” todo el tiempo, pero cuando lo hacemos se siente la cercanía que hemos creado con el tiempo mientras platicamos de nuestro crecimiento. Los libros de Murakami que poseo se han desarrollado junto conmigo. Este libro en especial, ha llegado en un momento vital de mi vida.

Creo que el 2018 fue un punto de quiebre para varias personas, especialmente en mi país (México). Pero hablando específicamente de mi vida, fue el año en el que figurativamente se destruyó gran parte de mi identidad y se alcanzaron varios de mis objetivos. Por ello el libro de Murakami es tan vívido que duele.

El narrador es un retratista casado por seis años con su esposa Yuzu, hasta que un día ella le dice: “Me es imposible seguir viviendo contigo”. En ese momento se desata la rueda en la que se encuentra el protagonista y comienza a experimentar con una serie de cambios (muchos de ellos realizados a regañadientes) para superar esta ruptura entre su mundo de ideas y la realidad.

Murakami empieza platicándote sobre el pasado del narrador: Como se convirtió en retratista y el porque; su historia familiar (el típico hijo de familia rica que en contra de sus obligaciones decide volverse artista), su tragedia (la muerte prematura de su hermana) y como conoce a su esposa, así como también el inicio de sus problemas conyugales (de los cuales es totalmente indiferente hasta que su esposa expresa su necesidad de separarse).

El narrador después de la ruptura decide vivir como un ermitaño mochilero, recoge varias de sus cosas que tenía en su casa, las empaca en su automóvil y recorre el norte de Japón. Renuncia a su trabajo y le expresa a su agente que no aceptara un encargo más lo que decepciona un poco al señor ya que, el narrador, es uno de los mejores retratistas que existe.

Entre estos eventos Murakami te va explicando el trabajo artístico del narrador y el proceso creativo que realiza lo que me pareció extremadamente fascinante puesto que la forma en que describe técnicas, material y expresa sus análisis realizados a las obras, te deja muy interesado en seguir aprendiendo de la mano de Murakami sobre el mundo de la pintura y específicamente del retrato.

Sin embargo a pesar de estas descripciones tan vívidas, el propio narrador te expresa su inconformidad disfrazada de conformismo (no puedo pintar lo que quiero, pero al menos puedo pintar). Esta serie de contradicciones se desarrollan en varios de los personajes, un ejemplo es el caso de Yuzu que a pesar de la necesidad de separararse del narrador quiere mantener una relación de amistad íntima (pero no a nivel físico, si leen el libro sabrán porque). Murakami con este tipo de observaciones y narrativa, comienza poco a poco a introducirte al mundo de ideas de los personajes en la historia, especialmente del narrador.

Casi toda la primera parte sucede en el mundo solitario y creativo del protagonista, hasta que un día un amigo suyo llamado Masahiko Amada le ofrece la casa de su padre, Tomohiko Amada, que es un famoso artista de técnica japonesa. El narrador acepta el alojamiento temporal como una oportunidad de reencontrarse con su parte artística (ya que él había decidido no pintar nada más), todo esto sucede porque dentro de él nace una pequeña semilla de inquietud que le da la motivación para buscar pintar lo que él quiera. Su amigo lo felicita y le comenta que mientras viva en la casa de su padre puede enseñar clases de pintura a niños y adultos para subsistir.

Una vez que se traslada a la vivienda el narrador comienza a conocer más sobre el antiguo residente que es amante de la ópera europea y además, descubre un cuadro de técnica japonesa que se titula “La muerte del comendador”. Extasiado con el cuadro, se pasa días siguiendo una rutina de inspiración, observación, impartir clases y ocasionales visitas de dos amantes que conoce en su clase de pintura, las primeras mujeres con las que tiene relaciones aparte de su esposa.

Así pasan unos meses en los cuales también descubre un búho viviendo de a gratis en el desván y, contemplando una vista maravillosa del valle que se encuentra ante la casa de Amada oculta entre las montañas. Al observar con detenimiento comienza a notar que en una de las casas vecinas un señor sale de vez en cuando a su terraza y en su rutina, el protagonista comienza a interesarse en la identidad de su misterioso vecino.

Esta escena me agrada mucho, imaginen unas velas blancas firmes sobre un océano de árboles. Esa es la casa misteriosa que ve el narrador y creo que es una de las descripciones más bonitas que he leído.

Justo cuando comienza a elucubrar sobre su misterioso vecino, el agente con el que antes trabajaba le habla de un encargo muy especial: un último retrato con toda la libertad artística y una suma de dinero nada detestable por realizar el mismo, la única condición es que la persona retratada debe modelar para el narrador, cosa que a él nunca le ha interesado que hicieran sus clientes mientras era retratista (esto es fundamental en su proceso creativo).

Al principio mis observaciones apuntaban a que el cliente era un fanático acosador que quería apoderarse del afecto del narrador, pero conociendo a Murakami la historia no era tan predecible. Así que te presenta a un personaje que en el mundo real podría ser un Bill Gates japonés, un empresario dedicado al mundo de la información (me emocioné mucho porque Murakami estaba presentando a un personaje que trabaja de bibliotecario moderno) y tanto el narrador como Menshiki (que resulta ser el cliente y el misterioso vecino) comienzan a desarrollar una íntima relación de amistad.

Poco a poco, se desenredan distintos acontecimientos algo sobrenaturales que involucran a ambos personajes y entre intercambios de verdades a medias, convivencia y rumores, resulta que la casa de Tomohiko Amada reproduce el mundo de ideas del narrador, a tal punto que él mismo siente que se está volviendo loco. Así que le pide a Menshiki que lo acompañe en su descenso a la realidad.

Es ahí donde aparece el «Comendador», una entidad que afirma que es una idea y ha vivido por miles de años. Buscaba al narrador porque le gusta ser un observador de vida y poco a poco le va aconsejando y enseñando un poco sobre como despertar los secretos que oculta el cuadro de Amada y también el misterio que personifica Menshiki. Sus motivos aún son desconocidos.

Entre estos personajes y su relación constantemente se habla de la muerte, la pérdida y también una serie de conspiraciones de la vida, así como también las conspiraciones creadas por el hombre (en este caso Menshiki). Poco a poco observas como el narrador se vuelve el centro del universo en que se unen el mundo de las ideas y la realidad, como estos lazos afectan la mente creativa y también como puede impulsarnos a un universo en el que podemos explotar nuestra persona y el modo en como nos relacionamos con otros.

Al final, el libro te deja con un anzuelo, ya que justo cuando el narrador recupera esas ganas de pintar y sus obras de arte se vuelven muy buenas (justo lo que quería lograr antes de caer en su matrimonio conformista y su trabajo mediocre, pero valioso) Menshiki le confiesa al narrador su pequeño (y algo sucio) secreto. Es ahí en donde el enfoque de la historia pasa directamente a Menshiki y el propio narrador se da cuenta gracias al «Comendador», así que para evitar caer por completo en las maquinaciones de su misterioso amigo el narrador decide acompañarlo en su aparentemente «inocente» travesura, sin dejar de lado su propio protagonismo y voluntad.

Lo que me fascinó de este libro es que sentí (no leí, realmente sentí) la misma sensación que te deja el final de la película «El Origen» (en inglés «The Inception»).

Murakami utiliza múltiples referencias que desatan acciones paralelas y al final no sabes si el narrador está en el mundo de sus ideas o en la realidad (similar a lo que la película de Christopher Nolan trata de hacer). Esta ruptura pierde fuerza una vez que aparecen otros personajes que interactúan con el protagonista, sin embargo, no logran quitar la sensación que él mismo propone, que el mundo de sus sueños rasgan el manto de la realidad y observa el acercamiento de algo importante que viene a impactar (y transformar) su vida para siempre.

El narrador utiliza esta historia para lidiar con la pérdida de su vida que creía perfecta hasta que su mujer lo saca del sueño; cuando está solo tiene un encuentro que lo obliga también a regresar a la realidad y con ello a la casa de Amada; cuando conoce a Menshiki el mundo de la pintura es más fascinante y por fin ha encontrado el estilo que lo puede llevar al estrellato; cuando conoce al «Comendador» empieza a entender poco a poco la importancia de que las ideas forman la realidad aunque sean simples observadoras del comportamiento humano y aunque la realidad a veces pelea con el mundo de las ideas, éstas sobreviven para dar formas y preservar lo que se considera importante para uno (en el caso del narrador, un corazón roto y una realidad rota, da vida a retratos vivos y maravillosos).

Y digo que el narrador utiliza la historia porque conforme vas leyendo te vas dando cuenta que su historia requiere de un testigo para que pueda seguir avanzando. Mientras leí el libro sentí que muchas escenas y momentos se reflejaban en mi propia vida (quizá por eso lo terminé en menos de una semana). El propio narrador hace esta observación:

«Después de colgar, me senté en el salón para leer la historia de Akinari Ueda. Leí primero el texto original y después su adaptación al japonés moderno. En la versión actualizada había algunos detalles distintos, pero, como me había dicho Menshiki, lo que contaba se parecía mucho a lo que estaba viviendo yo.»

Curiosamente al llegar a esta parte del libro, yo misma noté que lo que le había sucedido al narrador le había pasado a varias personas que conozco, incluyéndome (de aquí la observación que escribí al principio sobre los cambios que transformaron la vida de muchos en el 2018).

Murakami utiliza referencias literarias, artísticas, musicales e incluso contemporáneas para sumergirnos en una historia que es informativa y a la vez amigable, uno se puede relacionar con ella en distintos niveles. Creo que en algún momento todos hemos sentido que nuestro mundo no es lo que pensamos, la realidad lo derriba y con ella a nosotros.

Sentimos que todo lo realizado es frágil y puede desaparecer en un instante, sin embargo, Murakami nos explica con esta fantástica historia que no es así.

Al contrario, esas ideas son las que fortalecen tu realidad y al final la crea. El problema es que no sólo son tus ideas las que forman el mundo, sino que existen otros mundos de ideas en los que las contradicciones son fáciles de encontrar y tenemos que convivir con ellas (como lo vemos con el desarrollo de cada personaje que aparece en la historia).

Ésta puede ser una reseña muy subjetiva pero te invito a que compruebes por ti mismo el poder vital y mágico que emana de este libro. Recomiendo al 100% esta lectura que me ha dejado con un buen sabor de boca y un mayor apetito para volver realidad el mundo de ideas que viven en mi cabeza. «La muerte del comendador» es una explosión de creatividad bellamente representada que me ha permitido compartir con Murakami una buena experiencia literaria y llegar a un nuevo nivel de autoconocimiento que no creí que existiera.

Los invito a compartir conmigo sus observaciones y no dejen de seguir mis redes sociales para conocer un poco más sobre el mundo de la información y mis experiencias al explorarlo y trabajar en él. Espero que les haya gustado esta reseña.

Muchas gracias por leer a Aprendiz de la información.

Referencias

Murakami, H., Cordobés, F., & Ogihara, Y. (2018). La muerte del comendador: Libro 1.

¡Visita también mi perfil de Goodreads!

Alegna ZaMir. Disponible en: https://www.goodreads.com/user/show/46005400-alegna-zamir

 

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