Lectura en el trabajo: un acercamiento a las campañas de lectura en México.

«Leer» es un verbo compuesto por dos consonantes y una vocal, que evoca una de las más grandes acciones que un ser humano puede hacer por sí mismo. Desde pequeña he tenido la iniciativa de saturarme de textos, practicar la lectura y aunque muchas veces me he visto blanco de algunos colegas de trabajo que no dudan en mirarme con cierto perjuicio cuando saco algún best-seller de mi bolso o desconozco un autor de renombre y con el título de «un clásico» u «obra de culto»; mi naturaleza lectora no tiene más que hacer que sacudirse el polvo de los hombres y recordar que la lectura no es para ellos, es para mí.

Es por ello que esta entrada recopila algunas de mis experiencias en las áreas de trabajo sobre la lectura y entre ellas una historia reciente sobre cómo la institución en la que ahora trabajo tiene una actividad de fomento a la lectura muy interesante y considero importante compartir. Por lo que espero que este escrito tenga las piezas clave para motivar a crear más actividades de fomento a la lectura dentro de otras áreas que ahora son poco comunes, como lo es el campo laboral.

«Cuando los libros sólo ocupan espacio»

No necesitas leer libros de física compleja o tratados sociales. No tienes que ser fan de todo best-seller o incluso renunciar a los cuentos infantiles porque ya tienes una edad avanzada para estar leyendo anécdotas para niños. En sí la lectura es una actividad que permite acrecentar tu badaje de conocimientos, de información e incluso tus capacidades para reflexionar y observar el mundo de una forma distinta.

Considero que esta acción es tan importante en el desarrollo humano y para mí, considero que debe ser tan importante como tomar agua o alimento para tener un estilo de vida sano y con bienestar. Y por lo mismo, cada persona tiene el derecho de decidir tomar refresco o agua simple para satisfacer su sed.

Lo veo más o menos así: Como cualquier hábito depende de lo que consumes o no consumes son las consecuencias (buenas o malas) y actitudes que vamos tomando en nuestra vida, por lo que se va formando nuestro camino. Tengo varios ejemplos de personajes que practican estos hábitos y los que no, y no necesariamente famosos. Las personas que nos rodean en nuestro ambiente cotidiano, laboral, académico tienen algo que decir (o no) sobre sus hábitos lectores. Incluso en estos últimos años nos hemos visto asediados por varios fenómenos literarios que abarcan diferentes tendencias en el consumo de géneros literarios. (Tomo de ejemplo alguno de estos títulos: «Crepúsculo» de 2005, «El Código Da Vinci» (2003), «Tokio Blues» (1987), «Harry Potter» (1997), entre otros)

Sin embargo, existen otras personas con las que me he topado cuya visión de la lectura la considero demasiado retrógrada. Por ejemplo, cuando trabajé como responsable de una biblioteca una de mis compañeras de institución dijo: «En sí las bibliotecas y los libros son inútiles, ya que realmente no sirven para nada más que ocupar espacio». Cabe destacar que esta persona formaba parte de la coordinación académica de una institución de educación superior y sólo sé que cruzo por mi cabeza la siguiente frase: «¿Qué demonios está mal contigo?»

Y sí, entiendo que ella tiene todo el derecho de decir que los libros y las bibliotecas sólo ocupan espacio, pero tuve que volver a repetir esa frase en mi cabeza cuando ella dijo lo siguiente:

«La verdad es, que los libros no sirven para nada porque lo único que logran es que la gente piense cosas y complique todo en esta vida. ¿Por qué no pueden simplemente ser normales».

Recuerdo con mucha precisión cada palabra, porque en sí el hecho de que considere normal el no pensar, me resulta escalofriante y sin embargo, entra la parte de la duda: ¿qué pasa si la mayoría de la población de mi país piensa exactamente lo mismo? ¿realmente la lectura resulta un problema más que una solución?

Puede sonar tal vez demasiado fatalista, pero como profesional de la información me he encontrado con ese círculo vicioso más de una vez. ¿Por qué no mejoramos nuestras bibliotecas públicas? Porque esto es México. La idea de mejorar una biblioteca pública es futurista, no de este siglo. La propuesta de impulsar las bibliotecas, de mejorar la percepción del libro es una idea excelente para un libro de ciencia ficción. Y entonces, después de esa reflexión me quedo con la extraña sensación de chocar con un muro que nadie quiere destruir, porque piensan que en un futuro se va a derrumbar. 

Regresando a mi anécdota sobre la biblioteca que ocupa espacio, caí en la cuenta que la biblioteca no estaba funcionando en esta instancia no por la falta de catálogo o de acervo actualizado, ni siquiera por las pequeñas instalaciones y la difícil ubicación. La propia instancia volvía inútil a la biblioteca porque la percibía como ese vestido o traje incómodo que tienes que usar para un evento formal al que te invitaron. Es decir, un requisito para poder acreditarse como una institución educativa superior.

En sí, el ideal es que la biblioteca se vea bonita para que está sea considerada como funcional. Y mi compañera no estaba equivocada, si la propia administración consideraba que la biblioteca se tiene que ver «bonita» para ser funcional, entonces ¿por qué ella tendría que pensar más allá de la biblioteca que sólo sirve para ocupar espacio?

Nuevos aires, nuevas prácticas lectoras.

Cuando dejé el puesto de responsable de esta biblioteca, sabía que nada de esto iba a cambiar a menos que el cambio viniera desde arriba, porque en este caso, aunque los usuarios estaban satisfechos con la información, el servicio y la información que se les otorgaba, la administración consideraba que la biblioteca no funcionaba porque había huecos vacíos en los libreros, cajas de libros que preferían mantener ocultas en almacenes y un nulo control o interés en saber qué es lo que quieren leer sus usuarios.

Entonces, no sé puede ofrecer un servicio que desde el principio se considera como uno inútil. De ahí que entro al tema sobre las nuevas prácticas que tiene el lugar en dónde actualmente estoy trabajando.

En esta institución crearon la campaña de lectura: «Dona, toma y lee», en la cual fomentan que los empleados participen en esta campaña. La dinámica es la siguiente: Los libros se exhiben en la entrada de la biblioteca y sólo podrán tomar un libro, el cual tienen un mes para leerlo y después de ese período de tiempo regresarlo al stand para que siga circulando. Estos libros son aceptados, seleccionados y clasificados por un área especial encargada de llevar este control. Después te invita a realizar una reseña para compartirla con la comunidad.

Y es justo aquí, donde la propia institución le dice a su comunidad «lee», puedes leer libros de estas categorías: «literatura, cuento, novela, reseña, histórica, biografías, cómics, historieta e infantiles», sólo lee.

Y esto genera un cambio, porque es agradable ver el stand en donde varios libros posan esperando a que alguien de esta comunidad se lleve una nueva experiencia consigo. Y fui incluso una activa participante, puesto que gracias a esta iniciativa conocí a un autor que me tiene fascinada y se llama Fernando del Paso.

Es justamente este tipo de experiencias las que hace falta fomentar. Estas actividades relacionadas con el acercamiento de la lectura y que buscan implementar este hábito en las actividades, no sólo escolares, sino incluso en nuestros trabajos.

Fomento a la lectura en otros espacios (México)

He aquí dónde entra el Observatorio de Lectura con el Banco de iniciativas y programas de fomento a la lectura y el libro que tiene como objetivo principal «integrar todas las prácticas de fomento en un micrositio al que podrá tener acceso el público en general». Lo que cita esta iniciativa es que cada práctica esté encaminada al fomento a la lectura y que contenga información específica, además que esta información se presentará por entidad federativa y este trabajo es propuesto por el Consejo Nacional de Fomento para el Libro y la Lectura y en las siguientes prácticas de fomento a la lectura se identifican cuatro acciones que prevalecen:

  • La mayoría son organizadas y ejecutadas por voluntarios de la sociedad civil.
  • Cuentan con un mínimo de acervo bibliográfico para su operación, lectura en sitio y préstamo a domicilio.
  • En el caso de los promotores, facilitadores o mediadores reciben u ofrecen capacitación continua.
  • Además de ser programas que ofrecen el servicio en forma hospitalaria, gratuita y accesible.

Entre estos programas se encuentra el de Salas de Lectura, el Programa de Jóvenes Lectores, Alas y Raíces, y otros más en los que se puede participar ya que se considera un movimiento ciudadano. Es en sí creado, promocionado y fomentado por sociedades y voluntarios de la sociedad civil en orden de beneficiar a la misma.

Son estos ciudadanos los que se unen a los distintos programas y desarrollan espacios para que los demás puedan tener este tipo de experiencias y para ir cerrando esta entrada quiero hablarles sobre el Programa Nacional de Salas de Lectura de 2009 del cual encontré un estudio diagnóstico realizado por tres investigadores de distintos países. Dicho artículo, expresa una serie de datos interesantes y aún cuando no sé si estos resultados fueron incrementando con el paso de los años, me parece importante hablar sobre este estudio por lo que descubrió.

Programa Nacional de Salas de Lectura del 2009.

Este programa funciona a través de un esquema simple y muy exigente, ya que los ciudadanos escogen un lugar, reúnen a lectores y organizan sesiones mientras gestionan recursos para las actividades de sus salas. Se aporta con el saber, vitalidad y vocación sin remuneración alguna, mientras que CONACULTA contribuye con un fondo inicial de 100 libros que se va incrementando de acuerdo a la continuidad y crecimiento de cada sala. Y sin embargo, desde 1995 hasta el 2009 poco se sabía sobre el perfil de los responsables de cada sala los cuales son reconocidos como «mediadores», además de los usuarios, las estrategias de promoción de la lectura, los alcances y las repercusiones que ha tenido esta labor en las comunidades.

De acuerdo con este estudio en el 2009 los mediadores presentaron los siguientes datos demográficos:

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FUENTE: https://goo.gl/NXF6dV (Consultado el 1 diciembre del 2016)

Dicho artículo señala que más del 50% de los mediadores no tenía ninguna experiencia previa en promoción de la lectura o animación cultural. Para ser exactos el 63.9 % de los encuestados. Y aunque en este documento cada uno de estos individuos ofreció sus experiencias al respecto, este artículo contiene una tabla con datos que llamó mucho mi atención y son las motivaciones por las cuales los encuestados ingresaron al Programa de Salas de Lectura, la cual presento a continuación:

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FUENTE: https://goo.gl/NXF6dV (Consultado el 1 diciembre del 2016)

¿Qué podemos extraer de estos datos? A pesar de ser información de hace siete años, habría que preguntarse si este Programa o alguno de los que menciona el  Banco de iniciativas y programas de fomento a la lectura y el libro ha crecido y cómo ha crecido a lo largo de los años.

Y es que muchos de los expertos en lectura, usualmente se ocupan de comunidades pequeñas y logran una gran labor en dichos nidos y campos que han creado y mantenido. Sin embargo, también encontramos otro tipo de campañas de lectura, en dónde todo se basa en publicidad como lo es la campaña de Consejo de la Comunicación de la cual quizá nos hace falta ver más allá de los anuncios:campana-leermx

Realmente saber e involucrarse en lo que se está haciendo al respecto. Creo que no hay nada más revolucionario que crear ciudadanos lectores y también creo que no hay mejor movimiento ciudadano asistir, mantener y multiplicar dichos espacios de lectura.  

Conclusiones

Esta entrada, de verdad ha sido bastante interesante de investigar y escribir porque me enseñó mucho sobre la importancia de la lectura para que las oportunidades y los espacios sean más abiertos y sobre todo más críticos y reflexivos a la hora de aproximarse a una sociedad cuya visión del libro y las bibliotecas es bastante disruptiva. Por un lado tenemos a los que consideran un desperdicio el hecho de impulsar y fomentar la lectura, por el otro lado tenemos una población que sin duda ha disfrutado y compartido varias experiencias con cada libro que pasa por sus manos.

Y sin embargo, considero que la lectura es una acción revolucionaria y que puede crear un gran impacto con un esfuerzo individual. Por lo que, te pregunto profesional de la información: ¿Has tenido algún acercamiento o la idea de crear campañas de lectura? ¿Cuál crees que sea el mejor espacio para comenzar a generar estas propuestas? ¿consideras que sólo en la escuela uno puede desarrollar el hábito lector?

Espero que hayan disfrutado esta entrada y estas dudas, tanto como yo ahora, porque de verdad no hay nada más refrescante que haber caído en un lugar dónde la lectura quizá no sea una prioridad, pero al menos es un delicioso placer y compañía fomentado por mi comunidad laboral y el cual se comparte con mi profunda pasión lectora.

Gracias por leer a esta Aprendiz de la Información.

REFERENCIAS

Vizcarra, Fernando, Ovalle, Lilian Paola, & Corona Berkin, Sarah. (2012). Lectores y formación de ciudadanías en México: Observaciones sobre el Programa Nacional Salas de Lectura del Conaculta. Estudios fronterizos, 13(25), 157-190. Recuperado en 01 de diciembre de 2016, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0187-69612012000100006&lng=es&tlng=es.

Imagen de Luis Michel en la Campaña de LeerMX. Disponible en: http://www.chivasdecorazon.com.mx/noticias/11819/leer-es-mi-partido-

Campaña de Lectura de Consejo de la Comunicación. Disponible en: http://leermx.com/programa-de-fomento/ (Consultado el 1 de diciembre del 2016)

CONACULTA. Observatorio de la Lectura. Disponible en: https://observatorio.librosmexico.mx/ (Consultado el 1 de diciembre del 2016)

CONACULTA. Banco de iniciativas y programas de fomento a la lectura y el libro. Disponible en: file:///D:/DOC/Downloads/banco_de_iniciativas_final.pdf (Consultado el 1 de diciembre del 2016)

 

 

 

 

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